En la historia del béisbol cubano, pocos momentos han generado tanto debate y pasión como el jonrón conectado por el santiaguero José Julio Ruiz en un playoff contra Industriales.
Ocurrido en la Serie Nacional 2006-2007 (XLVI temporada), durante la final entre las Avispas de Santiago de Cuba y los Leones de la capital, este vuelacercas ante el relevista Yadel Martí se convirtió en uno de los jonrones más controvertidos de todos los tiempos, catalogado por aficionados y medios como el más polémico de la pelota cubana o, al menos, en el top 3 indiscutible.
La serie final fue un clásico intenso: segunda consecutiva entre ambos equipos tras el título de Industriales en 2005-2006. Dirigidas por Antonio Pacheco (Santiago) y Rey Vicente Anglada (Industriales), las escuadras representaban la eterna rivalidad Oriente-Occidente.
Santiago, con la «Aplanadora» en su apogeo —figuras como Alexei Bell, Rolando Meriño y Reutilio Hurtado—, abrió 2-0 en el Guillermón Moncada con victorias abultadas (19-6 y 8-6). Industriales respondió con blanqueadas en La Habana (5-0 y 3-0) para empatar 2-2. El Juego 5, en Santiago, fue decisivo: los locales ganaron 4-2 con un triple clave de Maikel Castellanos con bases llenas ante Sandy Ojito.
Pero el verdadero drama llegó en el Juego 6 (o en contexto de la serie, según fuentes, en un momento crucial de la final o semifinal extendida, pero centrado en el Guillermón). Con Industriales arriba 6-5 en el noveno, un out y bases vacías tras ponche de Alexei Bell, Rolando Meriño empató con sencillo al left.
Subió José Julio Ruiz, el inicialista santiaguero de 21 años, bateador oportuno y power hitter emergente (.323 de average esa temporada, 72 RBI líderes). Ante Yadel Martí —estrella del pitcheo azul—, Ruiz conectó un batazo elevado por la raya de foul del left field.
La pelota pareció salir foul, rozando la línea o pasando cerca de una farola a unos seis metros de foul, según testimonios. Los árbitros decretaron jonrón válido, impulsando las carreras ganadoras. El estadio estalló; Santiago se puso 3-2 en la serie (o forzó el Juego 7, dependiendo de la cronología precisa), poniendo contra las cuerdas a Industriales.
Los azules protestaron airadamente: directiva, jugadores y mánager Anglada argumentaron foul claro. La controversia se alimentó por la mala calidad de las transmisiones y repeticiones —la varilla de foul no llegaba al techo del Guillermón Moncada, impidiendo ver con claridad—, y por la posición privilegiada de Alden Mesa (cátcher industrialista), quien insistió en que pasó foul.
José Julio Ruiz, en entrevistas posteriores defendió: «Para mí fue buena bola. Perdí la bola un momento, dudé, pero la vi caer en zona buena. Los industrialistas siempre dirán que fue foul».
Añadió, entre risas: «Ese jonrón fue a los azulitos, por eso es el lío. Si hubiera sido a otro equipo, no hay problema». Ruiz reconoció que le gustó más otro jonrón (contra Deinys Suárez), pero admitió el impacto emocional del clásico.
Para los santiagueros, fue redención y golpe de autoridad; para los azules, robo arbitral que costó la corona (Industriales ganó la serie finalmente, pero el batazo dejó cicatriz).
La polémica perdura: en foros, YouTube (entrevistas exclusivas de Ruiz) y artículos de 2022-2024, se revive. En Cuba, donde Industriales genera amor-odio masivo, el batazo se cuenta generación tras generación: ¿fue foul del tamaño de una casa (como dijo Carlos Tabares en 2007) o jonrón legítimo?
Ruiz, quien desertó en 2008-2009 rumbo a Dominicana y MLB (firmó con Rays y Rangers), dejó legado en Santiago: poder, clutch y ese momento eterno.
El jonrón no solo decidió un juego; simbolizó la pasión irreconciliable del béisbol cubano, donde un batazo puede eternizar héroes y villanos. Dos décadas después, sigue dividiendo: para santiagueros, gloria; para industrialistas, trauma. En la pelota antillana, pocos swings han generado tanto eco.








