Basta de censura ridícula. El segundo documental más polémico y famoso del Beisbol Cubano.

En 2003, el béisbol cubano, emblema de orgullo nacional y herramienta propagandística del régimen, se vio sacudido por una polémica que expuso las tensiones internas entre talento deportivo, control estatal y la creciente ola de deserciones.

El epicentro fue Kendry Morales (hoy Kendrys Morales), un joven prospecto de 20 años de Matanzas, considerado uno de los bateadores más prometedores de la Serie Nacional. Morales, con un average de .324 y 17 jonrones en la temporada 2002-2003 con Industriales, había sido convocado al equipo nacional para los Juegos Panamericanos de Santo Domingo, pero su carrera se truncó abruptamente por sospechas de deserción, culminando en la censura de un documental televisivo que lo involucraba.

La controversia estalló con el documental «De tres, tres» (o «De tres tres»), producido por la periodista deportiva Julita Osendi para la Televisión Cubana.

Morales aparecía inicialmente en el material, destacando un jonrón suyo durante la preparación o en un juego clave, simbolizando la nueva generación de talentos. Sin embargo, tras su expulsión del equipo nacional en junio de 2003 —por «indisciplinas graves» y presuntos intentos de fuga durante un viaje a Panamá, las autoridades ordenaron editar el documental para eliminar toda mención o imagen de él. Esta censura no pasó desapercibida: espectadores y aficionados notaron las omisiones, generando un revuelo subterráneo en foros deportivos y conversaciones privadas, ya que la prensa oficial evitó el tema.

Fuentes como BBC Mundo reportaron que su inclusión inicial en el documental fue «polémica» porque ya estaba bajo sospecha, y su aparición se vio como un desafío a la narrativa oficial de lealtad al sistema. Osendi, una figura icónica de la TV cubana, defendió años después que no tenía que «disculparse» por no incluirlo finalmente, argumentando que siguió directrices superiores.

En entrevistas posteriores, Morales recordó el incidente con amargura: «Me censuraron un jonrón en el documental de Julita. Fue uno de varios eventos de censura». Este batazo, posiblemente de un juego preparatorio o de la Serie Nacional, se convirtió en símbolo de represión: un momento de gloria borrado para ajustarse a la ideología.

La censura no fue aislada. Coincidió con un contexto de fugas masivas: en 2002, José Contreras desertó en México, y en 2004 Morales lo haría en República Dominicana tras ocho intentos fallidos. El documental de Osendi, dividido en trilogía (uno por cada gran torneo de 2003: Panamericanos, Mundial y Preolímpico), pretendía exaltar la «escuela cubana» amateur frente al profesionalismo capitalista. Eliminar a Morales reforzaba el mensaje: traidores no merecen gloria. Críticos como los del blog Cine Cubano La Pupila Insomne (2009) reclamaron a Osendi por «suprimir» a Morales, argumentando que distorsionaba la historia real del equipo.

Esta polémica reveló grietas en el sistema deportivo cubano: el béisbol, usado como propaganda desde la Revolución, enfrentaba el éxodo de talentos atraídos por MLB. Morales, tras desertar en 2004, firmó con Los Angeles Angels y ganó la Serie Mundial en 2015 con Kansas City Royals, validando su potencial censurado.

El incidente prefiguró censuras mayores, como la de «Fuera de Liga» (Ian Padrón, 2003-2008), documental sobre la Serie Nacional que fue prohibido por mostrar realidades incómodas como deserciones y precariedades. Padrón, en expedientes de Rialta (2025), denunció cómo el ICAIC y el INDER bloquearon su estreno, alegando «daño a la imagen del deporte revolucionario».

A dos décadas, la polémica con Morales ilustra la censura como arma de control: un jonrón borrado no solo silencia a un atleta, sino que reescribe la narrativa nacional. En un país donde el béisbol es identidad, eliminar a un héroe emergente por sospechas generó desconfianza entre aficionados.

Morales, en confesiones de 2024, admitió anécdotas de presiones en el equipo Cuba, reforzando que la censura de 2003 fue el inicio de su exilio. Este episodio, más que un escándalo deportivo, es un espejo de las contradicciones cubanas: talento versus ideología, libertad versus lealtad forzada.

La final contra Panamá (25 octubre) fue emotiva: 4-2 con jonrón de Joan Carlos Pedroso y pitcheo de Vera. Fue el octavo título mundial consecutivo (desde 1984), destacando la «escuela cubana» amateur contra novenas profesionales. Panamá plata; Japón bronce. La prensa local (Granma) exaltó el triunfo como victoria ideológica, pese a ausencias de estrellas retiradas como Omar Linares y Orestes Kindelán.

Noviembre cerró el año con el Preolímpico de las Américas en Panamá (7-16 noviembre), clasificatorio para Atenas 2004. Cuba, en grupo con Panamá, México y Nicaragua, ganó invicta.

En semis, barrieron a EE.UU.; la final repitió contra Panamá, venciendo 3-1 con jonrón de Gourriel y pitcheo de Yadel Martí. Cuba clasificó directamente; EE.UU. y Panamá al repechaje. Este oro fue el cuarto panamericano sénior consecutivo (desde 1985), reforzando su récord.

El roster incluyó a Pestano (cátcher), Enriquez (infield), Cepeda (outfield), Vera y Palma (pitcheo). A pesar de éxitos, el año vio sombras: suspensión de Kendry Morales por deserción, presagiando fugas como la de Yadel Martí (2006). Medios como Laredo Morning Times destacaron cómo Cuba vencía profesionales con amateurs, pero el éxodo crecía.

2003 representó el pico de una era: tres oros, invictos en finales, pero el declive acechaba con migraciones y embargo. Un año inolvidable de gloria cubana en el diamante.

El 2003 fue un año estelar para el equipo nacional de béisbol cubano, consolidando su hegemonía amateur con tres títulos mayores: oro en los Juegos Panamericanos de Santo Domingo, la Copa Mundial en casa y el Preolímpico de las Américas en Panamá.

Dirigidos por Higinio Vélez, los cubanos —con un roster de veteranos y emergentes como Ariel Pestano, Yulieski Gourriel, Frederich Cepeda y Norge Luis Vera— demostraron resiliencia pese a deserciones y presiones internas, logrando un triplete que los clasificó a Atenas 2004 y extendió su dominio regional.

Los Juegos Panamericanos de Santo Domingo (2-12 agosto) marcaron el inicio. Cuba, en un grupo con EE.UU., México, Nicaragua y Panamá, avanzó invicta (4-0).

Destacaron victorias como 2-1 ante Nicaragua (relevo de Vicyohandri Odelín) y un racimo decisivo en semis contra México (3 carreras en el 5to inning). En la final ante EE.UU. (12 agosto), Adiel Palma lanzó 7⅔ innings con 9 ponches, permitiendo solo una carrera, mientras Pedro Luis Lazo salvó el 3-1.

Cepeda y Urrutia impulsaron clave; Cuba sumó su noveno oro consecutivo desde 1971, manteniendo supremacía panamericana. México bronce; República Dominicana, anfitriona, no avanzó.

Octubre trajo la Copa Mundial en Cuba (12-25 octubre), con sedes en La Habana, Santiago y otras provincias. Cuba, anfitriona, venció en grupo a rivales como Japón y Corea

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