LA ÚLTIMA RECTA A 100 MILLAS DEL SUPERSÓNICO DE LA HABANA…
ROMPIÓ EL SILENCIO con su pasado, su presente y su futuro. Y la realidad del béisbol cubano el gran Lázaro Valle.
La decisión de apartarse del beisbol cubano, hasta qué punto está en crisis el deporte nacional, su salida de los Industriales, sus momentos más gloriosos como pitcher, sus amigos que se fueron, su decisión de quedarse en Cuba, y muchísimo más en CASI UNA HORA de un diálogo DE LUJO con el proyecto Las Terrazas en colaboración con Dporto Sports.
Lázaro Valle Martell, nacido en 1962 en Encrucijada, Villa Clara (aunque adoptado por la capital cubana), es uno de los pitchers más dominantes y consistentes de la historia del béisbol cubano posrevolucionario. Apodado “El Supersónico” o “El Brazo Supersónico” por su recta que superaba las 95 millas por hora en una era sin radares precisos, Valle representa la transición perfecta entre talento natural, inteligencia táctica y resiliencia.
Su carrera, marcada por un récord invicto con el equipo Cuba y una racha legendaria de victorias, lo coloca entre los élite de la Serie Nacional de Béisbol (SNB), donde muchos, incluido José Ariel Contreras (campeón de Serie Mundial 2005), lo consideran el segundo mejor pitcher de todos los tiempos, solo detrás de Pedro Luis Lazo.
Valle comenzó su trayectoria deportiva como receptor, jardinero e inicialista, sin destacar en esos roles. Tras cuatro temporadas en posiciones de campo, entrenadores como Pedro Chávez, Luis Zayas, Germán Águila y José Modesto Darcourt vieron su potencia en el brazo y lo convencieron de probar en la lomita.
El cambio fue inmediato: debutó como pitcher en Metropolitanos y, en apenas una temporada, pasó a Industriales, donde se consolidó como as del staff azul. Su repertorio incluía una recta endiablada, una slider cortante y un cambio de bola que usaba con frecuencia, aunque a veces abusaba de él. Su control y variedad lo hicieron impredecible y letal.
En la SNB, Valle acumuló 138 victorias y 73 derrotas en 15 temporadas (efectividad 3.39, WHIP 1.2, 1.351 ponches, 84 juegos completos y 16 lechadas). Su hazaña más icónica: entre el 23 de noviembre de 1988 y el 19 de diciembre de 1989, hilvanó 25 victorias consecutivas (récord absoluto en Series Nacionales y Selectivas), una cadena invencible que incluyó aperturas y relevos. Ese tramo lo convirtió en “el pitcher al que se va al seguro”, según crónicas de la época. Lideró varias categorías: mejor efectividad en la XXVIII Serie (1988-1989) y ponches en múltiples campañas.
Con el equipo Cuba, Valle fue imbatible: 16 victorias sin derrotas en eventos internacionales. El 22 de agosto de 1989, en la Copa Intercontinental de Ponce (Puerto Rico), lanzó el primer juego perfecto de la historia del torneo ante Corea del Sur: 27 outs sin hit ni carrera, 80 lanzamientos (73 strikes) y rectas por encima de 95 mph. Sus compañeros anotaron 11 carreras; Valle lo atribuyó a “San Lázaro” (por su nombre).
Participó en Mundiales (Italia 1988, Edmonton 1990, Managua 1994), Copas Intercontinentales (San Juan 1989, Italia 1993, La Habana 1995), Centroamericanos (México 1990, San Juan 1993) y Juegos Olímpicos de Sídney 2000 (plata como relevista). Ganó tres títulos mundiales, múltiples oros regionales y la plata olímpica.
En Industriales, Valle fue clave en títulos como el de 1996 (su único campeonato nacional como figura principal, bajo Pedro Medina) y contribuyó en 1990. Disfrutaba lanzar en el Latinoamericano, pero también en “horcones” como Villa Clara, Santiago y Pinar del Río. Su carácter solidario y preocupación por compañeros lo hicieron querido en vestuario.
Retirado forzosamente en 1996-1997 por disposición de la Comisión Nacional (edad o lesiones), desafió el tiempo y regresó para el milenio, retirándose definitivamente en 2002. Luego fue entrenador de pitcheo de Industriales, aunque en 2025 expresó frustración por sentirse apartado: “No me llaman, mi criterio no importa”. Sufrió un accidente automovilístico en 2020 (Vía Blanca, La Habana), pero se recuperó.
A sus más de 60 años, Valle es un ícono: voz ronca, cultura amplia (habla de historia, política y béisbol con fluidez) y respeto por quienes triunfaron en MLB (“admiro a quien haya decidido triunfar en el rentado”). Crítico con el béisbol actual (falta de preparación específica, mentalidad de “knock-out” en vez de ganar apretado), su legado perdura: un pitcher que nunca perdió con Cuba, un “caballo” invencible en rachas y un vencedor en el box y en la vida. En la pelota cubana, Lázaro Valle no solo lanzó strikes: fue supersónico.








