No fueron respetuosos con Veitía, él no se merecía eso

Ronaldo Veitía Valdivié, conocido cariñosamente como “El Gordo” o “El Profe”, representa una de las figuras más emblemáticas y exitosas del deporte cubano, fue defendido públicamente por la mejor judoca cubana de la historia Driulis González.

Nacido el 21 de octubre de 1947 en La Habana, Veitía inició su trayectoria como judoka en 1963, a los 15 años, logrando títulos nacionales en la división de 93 kg y medallas panamericanas. Sin embargo, su verdadera grandeza se forjó en el banquillo: desde inicios de los años 90, asumió la dirección del equipo femenino de judo cubano, transformándolo en una potencia mundial indiscutible.

Considerado uno de los mejores entrenadores de judo de todos los tiempos —integrante de la triada dorada junto a Alcides Sagarra (boxeo) y Eugenio George (voleibol)—, Veitía guió a generaciones de atletas a conquistar 24 medallas olímpicas entre 1992 y 2012, un récord absoluto para un preparador en Juegos Olímpicos.

Sus discípulas incluyeron leyendas como Odalys Revé (oro Barcelona 1992), Driulis González (oro Atlanta 1996), Legna Verdecia y Sibelis Veranes (orros Sydney 2000), Daima Beltrán, Amarilis Savón, Yurisleidis Lupetey y la cuatro veces campeona olímpica Idalys Ortiz (oro Londres 2012). Bajo su mando, Cuba logró el reinado mundial por equipos en Minsk 1998 y múltiples oros individuales en campeonatos del orbe, sumando más de 300 medallas internacionales en tres décadas.

Veitía no solo enseñaba técnicas; moldeaba carácter. Su filosofía enfatizaba la disciplina, la perseverancia y el respeto, convirtiendo a sus pupilas en “mejores mujeres” más allá de los tatamis.

Exaltado al Salón de la Fama de la Federación Internacional de Judo en 2018 (tercer cubano tras Héctor Rodríguez y Driulis González), publicó libros como El judo femenino cubano: mejor equipo del mundo (2003), Driulis González, la leyenda del judo (2005) y su autobiografía Ronaldo Veitía: un ippon de historias. Se retiró oficialmente en 2016 tras un emotivo adiós en el Gran Prix de La Habana, rodeado de sus campeonas, y falleció el 5 de diciembre de 2022 a los 75 años en La Habana, víctima de complicaciones tras un accidente cerebrovascular sufrido en España.

Precisamente en torno a su legado surgió una defensa pública notable por parte de Driulis González Morales —su pupila más emblemática— en el podcast D’Robles Podcast, conducido por el campeón olímpico de 110 m vallas Dayron Robles.

En un episodio reciente (emitido en 2025), Driulis intervino para reafirmar la grandeza de Veitía ante críticas o cuestionamientos que, en el contexto del declive actual del judo cubano y debates sobre métodos antiguos, habían surgido en redes y foros deportivos. La multicampeona olímpica (oro Atlanta 1996, plata Sydney 2000, bronces Barcelona 1992 y Atenas 2004) y triple mundial describió a Veitía como “el escultor indiscutible” del judo femenino cubano, recordando cómo su estrategia certera y fe inquebrantable la llevaron al podio en Atlanta pese a lesiones graves.

Driulis enfatizó que Veitía “nunca dudó” de sus atletas, incluso en momentos de adversidad, y que su enfoque integral —técnico, mental y humano— fue clave para éxitos históricos como el dominio en Sydney 2000 (dos oros y dos platas).

Defendió sus métodos rigurosos como necesarios en una era de alta competencia, rechazando narrativas que los tildaban de obsoletos, y subrayó que sin él, el judo cubano no habría alcanzado la cima continental ni mundial. “El Profe nos convirtió en leyendas porque creía en nosotras más que nosotras mismas”, afirmó, evocando anécdotas personales y el impacto emocional de su guía.

Esta intervención en el podcast de Robles —un espacio que ha ganado popularidad por revivir glorias del deporte cubano— resonó en la comunidad atlética isleña, especialmente entre exjudocas y aficionados que ven en Veitía un símbolo irremplazable.

Medios como Granma, Prensa Latina y OnCubaNews destacaron la emotividad de sus palabras, reforzando el consenso de que el legado de Veitía trasciende resultados: es una escuela de vida, patriotismo y excelencia que, como él mismo dijo al retirarse, “nunca morirá”.

A tres años de su partida, la defensa de Driulis en el podcast reavivó el orgullo por un entrenador que hizo historia no solo en Cuba, sino en el judo universal. Su huella perdura en cada ippon, en cada medalla y en el corazón de quienes lo conocieron.

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