En el mundo del béisbol, pocas relaciones son tan sagradas y determinantes como la que existe entre un lanzador y su receptor. Esta conexión fue el eje central de una reciente y reveladora conversación en el segmento «Players on Players» de los Boston Red Sox, donde el veterano lanzador Aroldis Chapman recibió en su hogar al receptor Carlos Narváez.
Entre confesiones sobre rutinas de sueño inusuales y entrenamientos de alta intensidad, Chapman destacó un momento crítico de la temporada pasada que define su mentalidad en la lomita: escapar de una emboscada contra los Yankees de Nueva York.
La química detrás del plato: «Tiene que ser muy buena»
La entrevista, realizada en el bar de la casa de Chapman —una residencia que el lanzador ha habitado por más de una década y que actualmente está bajo remodelación completa—, comenzó explorando la dinámica entre el pitcher y el catcher.
Para Chapman, esta relación no es negociable; es el cimiento del éxito. «Tiene que ser muy buena, tener buena conexión, buena relación porque es todo a la hora del juego», explicó el lanzador zurdo. Aunque reconoció que pueden existir momentos malos durante un partido dependiendo del rendimiento, insistió en que «si hay una buena química entre los dos, todo va a estar bien».
Narváez complementó esta visión señalando que, aunque uno se lleva bien con todos los compañeros de equipo, el vínculo con el lanzador es especial porque «siempre estás trabajando junto». Esta conexión se vuelve vital en situaciones de apremio, como tener tres corredores en base sin outs, momento en el que la sincronización debe ser perfecta para que el juego no se escape de las manos.
El recuerdo favorito de la temporada: Bases llenas contra los Yankees
El punto culminante de la charla llegó cuando Narváez le preguntó a Chapman por su recuerdo favorito de la temporada pasada. Sin dudarlo, Chapman señaló un momento de altísima tensión en Nueva York: bases llenas, sin outs y Giancarlo Stanton en el plato.
La situación era crítica. «Mi pensamiento era poncharlo», confesó Chapman, sabiendo que Stanton es un bateador propenso al ponche pero sumamente peligroso. Fue entonces cuando Narváez subió al montículo para una de esas visitas que cambian el destino de un inning.
El receptor venezolano recordó sus palabras exactas en la loma: «Chapi, ya estamos presos aquí, vamos a lanzar piedra para allá».
La estrategia fue agresiva: lanzaron tres o cuatro rectas seguidas. Stanton logró hacer un buen contacto de foul ante la recta, lo que llevó a Narváez a pedir el lanzamiento definitivo. «Tiró el split y lo tiró perfecto», recordó el receptor. Consiguieron el ponche clave, seguido de un elevado y un roletazo, logrando colgar el cero en una entrada que parecía perdida. Para Narváez, este también fue uno de los recuerdos más bonitos, destacando la presión de estar «literalmente contra la pared y jugando en Nueva York».
Un régimen de entrenamiento que desafía la lógica
Otro aspecto fascinante de la entrevista fue la admiración de Narváez por la capacidad física de Chapman. El receptor admitió haberse impresionado al conocer la rutina del lanzador: «Tú entrenabas y hacías pesas y gimnasio como si estuviéramos en temporada muerta, y en el noveno inning estabas lanzando 100 millas».

Para la mayoría de los lanzadores, la carga de trabajo disminuye durante la campaña regular, pero Chapman reveló que su rutina apenas cambia. «No cambia mucho, yo prácticamente sigo casi el mismo plan de entrenamiento… por lo menos lo que es en el gimnasio», aseguró el cubano.
¿Cómo lo aguanta? Según Chapman, es cuestión de costumbre. Ha adaptado su cuerpo para realizar un workout completo antes de lanzar, sintiéndose más cómodo de esa manera.
Sin embargo, este nivel de exigencia física tiene un secreto restaurador: la siesta. Narváez reveló una infidencia del vestuario en Boston: existe un «cuarto de sueño» (sleep room) que nadie usa excepto Chapman. «De 4 a 6 de la tarde, Chapi está ahí, siempre hay que descansar», bromeó el lanzador, señalando que mientras él duerme para recuperarse, Narváez suele estar entrenando.
Mirando hacia el futuro: La motivación tras la derrota
La conversación cerró con una nota reflexiva sobre cómo les afectó la derrota en Nueva York al final de la temporada. Chapman admitió que la eliminación le afectó personalmente, sintiendo que hubo cosas en el juego que se pudieron haber hecho mejor y no se hicieron.
No obstante, ambos jugadores coincidieron en que esos momentos difíciles sirven de combustible. «Esos momentos son los que traen como más… enfoque, como que el año que viene tiene que ser mejor», reflexionó Chapman.
Narváez destacó el talento joven del equipo y la mezcla con veteranos experimentados como Chapman, Trevor Story y otros, sugiriendo que la experiencia de haber estado tan cerca en la serie servirá de lección para el futuro inmediato.
La entrevista concluyó reafirmando la hermandad entre ambos, quienes no solo comparten batería en el campo, sino que ahora entrenan juntos en la temporada muerta aprovechando que viven a solo 20 minutos de distancia, consolidando esa química que tanto valoran.







